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Las propiedades de la turquesa

Turquesa, historia y propiedades curativas
Anillo "Ipomoea" con una turquesa.

La turquesa, piedra preciosa con matices azul verdosos, debe su nombre al francés “pierre turque”, del siglo XVI. Esta denominación hace referencia a la ruta comercial que transportaba la piedra desde Persia (actual Irán) hacia Europa a través de Turquía. Su historia está estrechamente ligada a las cruzadas, período durante el cual ganó popularidad en Europa. Sin embargo, su uso se remonta mucho más atrás, especialmente entre los egipcios, persas y pueblos amerindios, que la consideraban una piedra sagrada.

Desde un punto de vista mineralógico, la turquesa es un fosfato hidratado de cobre y aluminio (CuAl₆(PO₄)₄(OH)₈·4H₂O). Su color varía del azul cielo al verde, dependiendo del contenido de cobre (que aporta el tono azul) y de hierro (que tiende al verde). A veces, inclusiones de limonita o vetas de la matriz rocosa crean patrones oscuros conocidos como “tejido de araña”, característicos de algunas variedades como la turquesa de Bisbee (Arizona) o la turquesa tibetana.

La turquesa es una piedra relativamente blanda, con una dureza de 5 a 6 en la escala de Mohs, lo que la hace sensible a los golpes, al calor y a los productos químicos. Tiende a deshidratarse y perder brillo con el tiempo si no se cuida adecuadamente. Para mejorar su estabilidad y color, algunas turquesas se tratan con resina o cera, una práctica común en la industria joyera.

Su rareza y calidad han convertido a la turquesa en una piedra muy apreciada desde hace siglos. Sin embargo, la creciente demanda ha dado lugar a numerosas imitaciones, a veces difíciles de distinguir de las originales incluso para expertos. Desde la época egipcia, se fabricaban sustitutos en loza silícea azul para reproducir su apariencia. Hoy en día, las técnicas modernas han perfeccionado estas imitaciones utilizando distintos materiales:

  • Turquesa recombinada: obtenida a partir de fragmentos de turquesa natural reducidos a polvo y consolidados con resina.
  • Turquesa tratada: piedras de baja calidad impregnadas con resina o cera para mejorar su color y resistencia.
  • Turquesa sintética: en 1972, Pierre Gilson desarrolló una turquesa sintética prácticamente indetectable a simple vista, reproduciendo perfectamente las vetas y el color de la turquesa natural; solo análisis químicos permiten diferenciarla.
  • Imitaciones minerales: la howlita y la magnesita, naturalmente blancas y porosas, se tiñen a menudo de azul para imitar la turquesa. Otros minerales como la variscita, la faustita o ciertas calcedonias pueden confundirse con la turquesa, aunque sus composiciones químicas sean distintas.
  • Imitaciones artificiales: materiales como plástico, porcelana o vidrio coloreado también se usan para imitar la turquesa a bajo costo. La “turquesa vienesa”, por ejemplo, se obtiene comprimiendo fosfato de aluminio, mientras que la “turquesa neolítica” es una mezcla de bayerita y fosfato de cobre.

Los expertos utilizan diversos métodos para identificar una turquesa auténtica, incluyendo el examen con lupa, pruebas ácidas (con reacciones diferentes según la composición) o análisis espectroscópicos en laboratorio.

Yacimientos: Tanzania, Estados Unidos, Irán, Israel, Turquía, México y China.

Historia, leyendas y creencias sobre la turquesa

La turquesa desempeñó un papel significativo en numerosas culturas antiguas. Fue venerada por gobernantes egipcios, los aztecas y otras civilizaciones precolombinas, así como por persas, mesopotámicos, indios y chinos.

La explotación de la turquesa en Irán data de hace más de 2000 años. Antiguamente llamada "Pirouzeh", que significa “victoria” en persa, pasó a denominarse "Firouzeh" tras la conquista árabe. Este yacimiento contiene piedras de un azul profundo, que pueden tornarse verdes al ser expuestas al calor.
En el Imperio Persa, la turquesa se consideraba un talismán protector contra la muerte natural cuando se llevaba alrededor del cuello o como pulsera. La creencia en su poder era tan fuerte que el cambio de color se interpretaba como un presagio de gran desgracia.
Los palacios iraníes suelen estar adornados con turquesa, simbolizando el cielo en la tierra, una representación emblemática de la belleza y el poder divino.

Historia y propiedades curativas de la turquesa
Aretes "Celestine" con turquesa.

Desde la primera dinastía de los faraones, los egipcios explotaban las minas de la península del Sinaí para extraer la turquesa, caracterizada por sus tonos verdosos. Esta piedra preciosa era muy apreciada y utilizada en numerosos objetos, especialmente los destinados a la nobleza. El ejemplo más famoso es, sin duda, la máscara funeraria de Tutankamón, incrustada de turquesa. Su uso en objetos religiosos y funerarios refleja su importancia en la cultura del antiguo Egipto.
La turquesa se asociaba con Hathor, la diosa egipcia del amor, la belleza, la música, la maternidad y la alegría. También se utilizaba para adornar joyas y amuletos, ya que se creía que ofrecía protección y buena fortuna a quienes la portaban.

En la antigüedad, la turquesa desempeñó un papel importante en Mesopotamia, donde se valoraba por sus propiedades protectoras. Sumerios y babilonios la empleaban en amuletos y ornamentos reales, considerando que atraía el favor de los dioses y protegía contra las maldiciones.

Entre los escitas, un pueblo nómada de la antigüedad que recorría las estepas euroasiáticas, la turquesa decoraba con frecuencia las armas y joyas de los guerreros. Simbolizaba poder y se creía que fortalecía y hacía más resistente al portador en combate.

Estas piedras llegaban a Europa a través de Turquía. Eran particularmente importantes para los jinetes turcos, quienes creían que protegían a sus caballos de caídas. También se usaban como talismán para proteger a los viajeros de los peligros del camino.

El romano Plinio el Viejo la llamaba Callais, en referencia a la ciudad de Callaïs, situada en Asia Menor, famosa por sus minas de turquesa.

Según algunas interpretaciones, la turquesa sería una de las piedras del pectoral de Aarón descrito en la Biblia (Éxodo 28). En la tradición judía, cada piedra del pectoral representa una de las doce tribus de Israel. La turquesa, asociada a la tribu de Zabulón, simbolizaría el mar y el cielo, evocando la protección divina y la guía espiritual.

En América, los aztecas la llamaban Teoxihuitl y la usaban para crear numerosos objetos ceremoniales en mosaicos que combinaban turquesa, oro, cuarzo, malaquita, jade, coral, entre otros. Se conservan máscaras (algunas con cráneos humanos como base), cuchillos, escudos y más.
En Estados Unidos, se supone que la fabricación de joyas, especialmente amuletos de turquesa, fue la principal actividad y medio de desarrollo de los pueblos Pueblo, en particular los Anasazi. Las actividades de otras tribus, como los navajos, se documentan desde 1880, influenciadas por la llegada europea.
Los apaches y navajos relacionaban la piedra con Estsanatlehi, la diosa del cambio o “mujer turquesa”, deidad de las estaciones. Los apaches creían que si una turquesa se ataba al arco o al rifle de un guerrero o cazador, nunca fallaría su objetivo. Para los sioux lakotas, la turquesa está asociada a Whope, la diosa de la paz. A menudo se utilizaba en rituales de sanación y purificación, por sus supuestas propiedades curativas y calmantes.

En el Tíbet, la turquesa tiene un significado espiritual destacado y forma parte de las “siete joyas” del budismo tibetano. Se incrusta con frecuencia en los malas (rosarios de oración) y ornamentos rituales. A diferencia de las turquesas persas de azul intenso, las tibetanas suelen ser vetadas y verdosas, apreciadas localmente por su belleza. Se consideran símbolo de prosperidad, salud y protección contra la mala suerte.

Las culturas mongolas también valoraban la turquesa, especialmente entre jefes y chamanes, quienes la portaban en joyas para invocar la protección de los espíritus y asegurar la prosperidad de su clan. Se encuentran numerosos artefactos de la época de Gengis Kan que incluyen turquesa.

La turquesa también tuvo presencia en la cultura otomana, especialmente en los adornos de sables y dagas de los sultanes. La creencia en su capacidad de proteger al portador era tan fuerte que algunos guerreros incrustaban la piedra directamente en el mango de sus armas.

Historia y propiedades curativas de la turquesa
Collar "Eclosión de turquesa" con una turquesa.

En la tradición occidental, durante la Edad Media, la turquesa se consideraba una piedra protectora contra los venenos y las enfermedades. Se decía que podía absorber toxinas y prevenir el envenenamiento, lo que la hacía muy apreciada por la nobleza y los alquimistas.

En Rusia, bajo los zares, la turquesa se incorporó en numerosas coronas y ornamentos reales, especialmente por Pedro el Grande y Catalina II. Se asociaba con la buena suerte y la estabilidad del poder.

En Europa, la turquesa se puso particularmente de moda en el siglo XIX, tras las campañas de excavaciones arqueológicas en Egipto, incluida el descubrimiento de la tumba de Tutankamón. Surgió entonces un estilo neoe gipto en la arquitectura, la joyería y otros objetos, que la colocó en el centro de la atención.

Las virtudes y beneficios de la turquesa

A lo largo de la historia, diferentes civilizaciones han atribuido a la turquesa un conjunto de propiedades, virtudes y usos de carácter simbólico o curativo. La información presentada aquí se enmarca en una perspectiva cultural e histórica, con el fin de ilustrar la relación simbólica que se ha ido tejiendo entre esta piedra y las sociedades humanas a lo largo de los siglos. Como en los ejemplos anteriores, estos elementos forman parte de un enfoque científico e histórico. En ningún caso constituyen una recomendación terapéutica o médica ni reflejan creencias personales.

  • Tradicionalmente, la turquesa ha sido mencionada por su posible papel en el alivio de problemas oculares. Según ciertas tradiciones, se asocia con la reducción de la fatiga visual, la disminución de irritaciones y la mejora de la circulación sanguínea en los ojos.
  • También se relaciona con las vías respiratorias y las mucosas, considerándose que podría favorecer la apertura de los senos nasales y la reducción de inflamaciones, especialmente en el contexto de rinitis o sinusitis, según usos culturales antiguos.
  • En el ámbito cardiovascular y respiratorio, la turquesa se ha vinculado con la estimulación del corazón y la garganta. Algunas fuentes históricas le atribuyen simbólicamente la capacidad de mejorar la circulación sanguínea, calmar irritaciones de la garganta y apoyar la salud general del sistema respiratorio.
  • Se ha percibido como una piedra que favorece la circulación en el cuerpo y la disipación de bloqueos energéticos, contribuyendo simbólicamente a la eliminación de toxinas y desechos acumulados en tejidos y órganos.
  • También se le ha asociado con la purificación de la sangre, la regulación de los fluidos corporales y la eliminación de ciertos excesos, particularmente en tradiciones orientadas a prevenir afecciones cutáneas como el acné o el eccema. Algunas fuentes le atribuyen igualmente un papel simbólico en la regulación de la acidez corporal o en el apoyo a las articulaciones y los riñones.
  • La turquesa ha sido mencionada en relación con el alivio de dolores musculares y reumáticos, así como con la reducción de tensiones y la mejora de la flexibilidad de los tejidos, en una perspectiva de confort corporal y vitalidad según los usos tradicionales.
  • Históricamente, se la ha vinculado con la estimulación de la hipófisis y el alivio de dolores de cabeza o migrañas, en conexión con la regulación simbólica de las hormonas y el equilibrio de las tensiones corporales.
  • Algunas tradiciones relacionan la turquesa con la protección de la columna vertebral, los bronquios y las articulaciones, especialmente en el apoyo frente a problemas articulares o respiratorios, así como con la regulación de la hidratación y el equilibrio de los fluidos corporales.
  • En el plano emocional y psicológico, se ha considerado una piedra apaciguadora, capaz de favorecer la serenidad, reducir el estrés, la ansiedad o los sentimientos de depresión. También se percibe como un apoyo simbólico para fortalecer la confianza en uno mismo, la claridad mental y la sinceridad en la comunicación.
  • A menudo se menciona en diversas tradiciones como talismán protector frente a influencias externas consideradas nocivas. En algunos contextos culturales, acompañaba especialmente a los viajeros, actuando como una piedra que ofrecía una forma de protección simbólica y un vínculo seguro con el entorno.
  • Finalmente, algunas fuentes destacan virtudes relacionadas con la armonía general, la creatividad, la estabilidad emocional y la capacidad de reenfocarse, subrayando así el papel simbólico de la turquesa en el acompañamiento de la vitalidad física, emocional y espiritual de los individuos.
La turquesa como piedra de nacimiento

AlertaPor favor, tenga en cuenta que todas las propiedades curativas presentadas de las piedras provienen de tradiciones antiguas y de diversas fuentes culturales. Esta información se proporciona únicamente con fines informativos y de ninguna manera constituye un consejo médico. En caso de algún problema de salud, se recomienda consultar a un profesional calificado.

Lista de piedras que empiezan con la letra:

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Ejemplos de joyas con turquesa

El canto de las luciérnagas tonos turquesa, aretes guía insecto en plata y turquesa
137.00 Euros
(≈ 2838.64 MXN)
Solar, aretes sol azul en plata y turquesa
139.00 Euros
(≈ 2880.08 MXN)
Dejarse llevar, anillo barco de origami en plata y turquesa de Nevada
Personalizado
Violeta, anillo jardín de flores en plata y turquesa
Vendido
Ivy, broche hiedra en plata y turquesa
Vendido
Majorelle, collar, tobillera y pulsera jardín azul en plata, turquesa, amazonita, labradorita, lapislázuli y jade
Vendido
Berlingot, collar, tobillera y pulsera dulzura en plata, turquesa, amazonita, jade, cuarzo, turmalina rosa y turmalina verde
Vendido
Constance, anillo con piedra de nacimiento en plata, granate, amatista, aguamarina, piedra de luna, ónix, alexandrita, rubí, peridoto, zafiro, ópalo, citrino o turquesa
Vendido
Ipomoea, anillo planta trepadora en plata y turquesa
Vendido
Myosotis, anillo flor azul en plata y turquesa
Vendido
Firoza, anillo indio en plata y turquesa
Personalizado

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